Me aferré a ti como a la última bocanada de aire
antes de hundirme en el agua.
Quería respirarte.
Quería mantenerte a todo costo en mis pulmones.
Quería respirarte hasta que estos dolieran.
Y te dejé ir. Y volví a la superficie con la esperanza de respirarte de nuevo.
Pero no eras tú el aire que respiraba,
no eras tú quién llenaba mis pulmones.
Y me pregunté si acaso
te habrías confundido con el agua.
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